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viernes, 7 de octubre de 2011

Los semáforos. Ellos son así.

Primera pregunta:

Imagínese el lector que ve una foto subjetiva desde su coche, en una calle de estas que no se puede parar ni un minuto, con unos ciclistas delante y en el cruce siguiente, hay dos semáforos en perfecto -suponemos- funcionamiento, uno en rojo y otro en verde. ¿A quien le tengo que dar la razón de mi existir automovilístico?

El sentido común te dice que si vas a la izquierda al rojo, y si vas a la derecha, al verde, si vas de frente, como vas con los cojoncillos de corbata, te encomiendas a San Judas, echas unos "virgencita, virgencita que me quede como estoy", te pones a veinte por hora como mucho y te sale una hernia discal cervical de lo que mueves la cabeza de un lado a otro.

Como la respuesta correcta es "depende" como casi en el 100% de las que formulo, no pienso incluirla bajo ningún concepto.

Doy tres opciones, a saber:

a) Al de la izquierda, que es bastante rojo
b) Al de la derecha, que es bastante verde
c) al rojo, porque es más restrictivo.

Comencemos por la c), que para eso en España nunca sabemos dónde comienzan las cosas.

¿Es más restrictivo un semáforo en rojo que uno en verde?  Acudamos al Diccionario de la RAE a ver qué nos dice:

Restrictivo, va. Del latín restrictum. 1º Adj. que tiene virtud o fuerza para restrigir
                                                     2º Que restringe, limita o acorta.

Una cosa es tener la virtud, y otra cosa es aplicarla. Yo tengo la virtud de dar unos besos franceses a mozas apretadas cual tornillo de submarino, y hay días que no lo hago. De hecho, hoy mismito, no he besado a NINGUNA (eso sí, me acabo de levantar). ¿Cómo sé que el semáforo está decidido a aplicar su virtud y aún más, su fuerza para restringir? ¿Se le puede preguntar al mismo? Hombre, como poder, sí se le puede preguntar, pero si te responde te aconsejo que leas las preguntas sobre el consumo a mansalva de sicotrópicos.

Lo que pasa habitualmente es que no te conteste nada, por muy pícara y hábil que sean tus artimañas para sacar al semáforo que si bien está en rojo, cuales son sus verdaderas intenciones respeto a nuestra marcha vial.

El empirismo y el rigor de estas confesiones, me han llevado a preguntar a varios semáforos, que no me conocían previamente y tampoco entre ellos, que cuales eran sus verdaderas intenciones cuando estaban en rojo.

Muy lejos de hallar una respuesta concreta y sincera, o simplemente una respuesta he descubierto que los semáforos..... CAMBIAN DE COLOR. O sea que un semáforo es alguien que a veces es de una manera y otras de otra. Vamos, que muy de fiar no lo son. Al menos, esa es la primera impresión, que como veremos, falla. ¿Cuántas veces hemos dicho o creído lo que no era?.¿ Cuál es la verdadera naturaleza de nuestras acciones?. Ni nosotros mismos lo sabemos. Menos aún los bobos. Al menos son comparables a la pluma al vento, que ya se sabe que la donna e móbile.

Primera conclusión. Los semáforos no son de fiar porque no sólo cambian de opinión, sino que además, son extremadamente herméticos en cuanto a su personalidad se refiere. Incomprensible a todas luces, dado el carácter no sólo de público, si no de servicio que justifica su existencia. Al menos, a priori, insisto.

La c) por tanto, es eliminada respecto al abanico de nuestra elección.

Vayamos con la B). Sabiendo lo que sabemos de los semáforos, que no se hablan entre ellos ni con nadie por muy perspicaz (a mi propio ejemplo me remito) que sea su interlocutor - y bien parecido, para qué negarlo- .... ¿De su variabilidad vamos a fiarnos? Yo jamás. Y os invito a hacer vuestra mi postura.

A ver si con el carácter que tienen, les da por cambiar justo cuando miro a alguien besable que deambule por la acera esperando que su vida tenga un punto de inflexión tras mi profesional ósculo. No pienso volver a hacer caso a ningún semáforo en verde hasta que no me de una explicación satisfactoria. Y os animo a hacer lo mismo. A ver quien es más fuerte, ellos o nosotros, la gente de bien.

Respuesta b) rechazada.

Nos queda sólo la a). Haremos caso al semáforo en rojo. Pero no en el sentido de detenernos, y cuando cambies, si te he visto no me acuerdo. No. Hemos de lograr entre todos que se integre y se comunique con su entorno. El trauma subyacente derivado en su silencio ha de acabar, y esto es tarea de todos. Se puede empezar con un "buenos días, Sr. Semáforo" y de ahí, poco a poco y con paciencia, encontraremos un buen amigo, un confidente, un apoyo cuando la vida nos desate los cordones y tengamos que rehacerlos, y por qué no, un educador para nuestros hijos, como referente a camino inequívoco, claro, simple y que sólo la falta de alimento puede impedirle trabajar incansablemente.

En definitiva, no hay mejor amigo que un semáforo en rojo.

Un beso a todos los que se lo merecen, y a los que no, también.
















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